FUENTE: DIARIO LOS ANDES
Nacen en las entrañas de los surcos, desde el Valle de Uco, y con el riego justo, pero constante. Lo hacen desde la certeza de quien siembra para cosechar. Primero fueron 12 mujeres, hoy ya son 21. Desde San Carlos y Tunuyán decidieron fabricarse nuevas oportunidades y validarse en la vitivinicultura. Pero su aporte no se limita a trabajar la tierra o elaborar vinos; sino que lideran, innovan y marcan el rumbo. Y lo hacen de manera organizada, apostando por la cooperación y demostrando que, cuando hay unión y objetivos claros, se puede.La posibilidad de degustar esta historia en directo es concreta, ya que «Mujeres de la Viña» participará en la cuarta edición de Dionisias Wine Fair, la feria protagonizada por mujeres del vino y que este año formará parte del Calendario Oficial de Vendimia 2025. Tendrá lugar el 28 de febrero y el 1 de marzo en el Museo Emiliano Guiñazú, Casa Fader.
«No tan solo vendemos vino, vendemos historia«, afirma Federica Agüero, técnica y coordinadora de capacitaciones del proyecto «Mujeres de la Viña».
«Nuestra historia es un mensaje positivo: las mujeres unidas podemos lograr nuestros objetivos, ser exitosas y cumplir sueños«, agrega.
Fue en 2018 cuando un grupo de viticultoras del Valle de Uco decidió cambiar su destino. «A través de un diagnóstico del Centro de Desarrollo Vitícola del Valle de Uco, junto a mi compañera Cintia Valverde, notamos algo clave: muchas mujeres estaban a cargo de sus emprendimientos, pero no eran visibilizadas», recuerda Federica.
A partir de esa observación, se tomó la decisión de convocarlas a un encuentro en la finca de Alicia Caraballo. «Nos juntamos a tomar el té y compartimos experiencias, fortalezas y dificultades. Todas coincidimos en lo mismo: queríamos visibilizarnos como productoras y encontrar nuestro lugar en el sector», agrega Agüero.De aquel encuentro surgió una nueva necesidad: capacitación. «Muchas habíamos heredado fincas y nos tocó continuar con el legado», dice Carina Venturín, una de las productoras. Y explica que la falta conocimiento sobre el proceso de elaboración del vino limitaba sus horizontes a solo cosechar y vender sus uvas a bodegas.
A ello se sumaba, además, que el panorama de aquellos años no era prometedor. Recuerdan, por ejemplo, que en 2018 la crisis vitivinícola golpeaba fuerte. «Los productores no tenían dónde llevar la uva, las bodegas no compraban por el sobrestock», explica Viviana Lencinas, otra de las integrantes del grupo.
Federica y Cintia propusieron al grupo detenerse en el proceso de elaboración de vinos, porque, si bien acompañaban con el asesoramiento para el viñedo, la necesidad de fortalecerse en conocimiento era fundamental para agregarle valor a la uva. “Ninguna de ellas había hecho vino antes, pero entendieron que conocer el proceso de elaboración era clave para su independencia y la valorización de su trabajo” añade Federica.
Parte de la solución llegó con las capacitaciones. «El INTA nos proporcionó parte de la uva para practicar y así elaboramos 200 litros de Syrah. Nos repartimos 10 botellas cada una al final del año», relata Carina. Fue un aprendizaje desde la molienda hasta el embotellado. Las mujeres tenían sus propias libretas y anotaban todas las explicaciones del enólogo para que nada se les escapara.

